![]()
En su catequesis de hoy, el Papa León XIV retomó la reflexión del Concilio Vaticano II sobre la dignidad de la persona humana, uno de los temas centrales de la Constitución Gaudium et spes, que reconoce que el esfuerzo de la humanidad por defender los derechos y la dignidad de cada persona constituye uno de los grandes logros de la historia. Sin embargo, advierte también que este camino no está terminado, ya que todavía existen situaciones y decisiones que desfiguran la dignidad humana y dificultan que sea reconocida en toda su profundidad.
En la oportunidad, afirmó que la Iglesia ofrece con claridad su contribución, recordando que la dignidad humana brota del ser de la persona y no la recibe de la sociedad, ni la pueda perder por sus circunstancias. Asimismo, indicó que no depende de la riqueza, de la posición social, de las capacidades, de los éxitos o fracasos, ni siquiera de las decisiones acertadas o equivocadas: la dignidad pertenece a la persona, es un don que la precede y que tiene su origen en Dios.
Recordó también que la persona implica siempre relación, comunión y participación con respecto a Dios y a los demás: “Una relación filial con Dios Padre y una relación fraterna con Cristo y con todos los seres humanos, excluye los cierres autorreferenciales. Ser persona significa percibirse a sí mismo como un don que hay que compartir, creciendo y madurando en la acogida, la reciprocidad y el servicio”.
El cuerpo humano no puede ser tratado como un objeto
Gaudium et spes presenta, además, al ser humano como una unidad de cuerpo y alma. La dignidad abarca a la persona entera y, por eso, el cuerpo tampoco puede ser tratado como un simple objeto del que se pueda disponer arbitrariamente. La vida corporal forma parte de la persona y merece respeto y cuidado.
“Es necesario tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día, vigilando que éste no permita que lo esclavicen las inclinaciones depravadas de su corazón, puesto que todos estamos heridos por el pecado”, señaló.
La inteligencia, la conciencia y la libertad
La dignidad se manifiesta de manera especial en tres capacidades que caracterizan a la persona: la inteligencia que nos impulsa a buscar la verdad, la conciencia que permite reconocer esa verdad y orientar la propia vida, y la libertad que nos hace capaces de decidir y ser responsables de nuestras decisiones.
“Son dimension}es estrechamente vinculadas entre sí: es en la conciencia donde la verdad es reconocida como tal y donde la libertad puede experimentarla como su fundamento y posibilidad”, reflexionó el Papa León XIV.
Finalmente, explicó que el Espíritu Santo, que da vida en Cristo, nos hace libres y nos asegura constantemente nuestra dignidad de hijos de Dios, liberándonos del miedo y guiándonos hacia la meta última: aquella vida en plenitud más allá de la muerte que Cristo nos ha prometido.
Por Patricia Ynestroza
Vatican News