Pequeños gigantes: la influencia múltiple de los virus en la sociedad

A pesar de ser invisibles al ojo humano, estos pequeños seres ¿son amigos o enemigos? ¿Qué es lo que sabemos de ellos? Algunas luces sobre el peso que tienen los virus en la sociedad, de la mano de quienes los conocen de primera mano.

Uno de los temas más comentados por los chilenos se relaciona de forma directa con el ámbito de la salud en el país. La cantidad de nuevas enfermedades que han aparecido, en su mayoría, ligados a virus que se creían erradicados, ha aumentado la preocupación general sobre el tópico. Y aunque ellos han representado históricamente un problema muy grave para la salud de los humanos, el estudio de estos ha evolucionado muy rápido.

Las afecciones ligadas a temáticas de virología pueden ir desde la salud en humanos -donde se ven las pandemias, epidemias, surgimientos de enfermedades erradicadas, etc-, hasta los problemas en la producción y economía de un país -por ejemplo, cuando animales de consumo humano se ven afectados por ciertos virus-.

Este reportaje contiene una pincelada general de la contribución que han realizado diferentes académicos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, quienes se han especializado en mostrar hasta qué nivel puede impactar e influir la existencia de los virus, tanto en el humano de forma individual como en la sociedad.

VIRUS EN LA SALUD: ¿AMIGOS O ENEMIGOS?

Las enfermedades causadas por los virus suelen ser las que toman más tiempo de investigación científica, tanto por la agresividad de estos, como por su capacidad de mutar con el avance del tiempo. Un ejemplo de esto es el virus de la influenza A, originalmente conocida como AH1N1, el cual afectaba no solo a humanos, sino también a animales. Este mismo virus mutó en una nueva cepa, exclusiva de humanos, llamada AH3N2.

Así como ocurrió con la influenza, son varios virus los que se han mantenido en la lupa de los investigadores, quienes se han dedicado a estudiar sus avances y posibles factores de contagio hacia la población.

Fernando Torres, docente y biólogo del Instituto de Biología de la PUCV, es uno de ellos y ha enfocado sus estudios principalmente en un virus más que conocido por la sociedad chilena: el Hantavirus, enfermedad que impacta directamente en el país, considerando que uno de cada tres personas afectadas por esta enfermedad pueden fallecer.

“Aparentemente, un tema determinante para que las personas que adquieren el virus no fallezcan, es el momento en el cual los médicos son capaces de detectar que la persona se ha contagiado con virus Hanta” parte explicando el académico, haciendo énfasis en la cantidad de veces que el virus no se ha detectado como tal por tener síntomas demasiado similares a una gripe común.

Según el docente, “la tasa de mortalidad en personas con virus hanta, en Chile, fluctúa entre el 35 y el 40%, dependiendo de ciertos factores. No es menor”. Asegura que “es de suma importancia que los médicos sepan identificarlo a tiempo” aunque, desde su perspectiva, esto ha ido mejorando con el avance de los años.

Con eso en consideración surge la pregunta sobre las posibles formas de contagio. Fernando asegura que los roedores de cola larga, portadores del Hantavirus, son fuente de contagio a través de sus fecas u orina. “En los elementos volátiles de eso, en esa evaporación que uno respira está el factor de contagio”, explicó. Pero también aseguró que tienen altas concentraciones del virus en sus glándulas salivales, por lo que podía determinar la posibilidad de contagio por acicalamiento, siendo esto lo que podría contagiar al humano.

¿Cómo impacta esto en la comunidad? Hay que considerar que en el terreno abarcado a nivel nacional por el roedor de cola larga y el virus -la tercera región hasta Magallanes- no se sabe si existen distintos grados de patogenicidad -si hay sectores entre los cuales generan síntomas más fuertes o no.

“La gente se enferma y se pone en marcha toda la maquinaria: dejar de trabajar, los problemas asociados a la familia, el costo, el sistema de salud y luego el tratamiento, que no es sencillo”, afirma el biólogo. Sin duda una clara muestra de cómo un virus puede crear una cadena de eventos desafortunados en su camino.

Ese no es el caso de los virus que infectan bacterias (o bacteriófagos). Roberto Bastías, ingeniero en Biotecnología Molecular y académico del Instituto de Biología de la PUCV, ha investigado los fagos por más de diez años, mostrando en cierta forma el rostro amable de este tipo de virus.

Los bacteriófagos son probablemente la entidad biológica más abundante del planeta y algunos de estos elementos pueden utilizarse para combatir las enfermedades de manera específica, sin producir efectos secundarios, o a eso es lo que apuntan algunas investigaciones, según explica el académico.

Como alternativa a los antibióticos y “dada la capacidad que tienen los bacteriófagos de matar a sus bacterias hospederas, es que se han propuesto como una potencial herramienta antimicrobiana”. Idea que surgió hace unos cien años cuando fueron descubiertos este tipo de virus, pero que fue olvidada por el surgimiento de los antibióticos.

Con la proliferación de bacterias resistentes a antibióticos, el uso de bacteriófagos como antimicrobianos ha tenido un resurgimiento, según el académico, pues el tratamiento que emplea el uso de bacteriófagos es bastante efectivo a la hora de eliminar bacterias resistentes antibióticos. “En una situación donde no puedes usar antibióticos para eliminar la bacteria, podría eventualmente usarse un bacteriófago”.

Roberto también ha destacado que el uso de fagos no se limita necesariamente a un uso exclusivo en personas, sino que también se baraja como posible tratamiento contra bacterias patógenas que afectan a la acuicultura y agricultura, etc. “Se caracterizan por ser muy versátiles”, comentó el microbiólogo, quien se ha centrado en investigaciones sobre el uso de fagos en la acuicultura y agricultura chilena, atacando bacterias patógenas específicas.

La otra ventaja que tienen los bacteriófagos es que son bastante específicos. “Puedes encontrar fagos que ataquen exclusivamente a una bacteria, a una especie patógena o incluso a una cepa que sea la causa de una enfermedad”, afirma. Esto sin afectar a otras bacterias que puedan ser beneficiosas o parte de la microbiota natural. Esta, puede decirse, es la cara más amable de los virus hacia la sociedad. Tal parece que tenemos amigos entre los virus.

SALMONICULTURA: REACCIÓN EN CADENA A LOS VIRUS

De momento hemos podido ver la cara amable de ciertos virus en la acuicultura, mencionados por Roberto Farías. Pero no son solo bacteriófagos los principales actores en esta área.

Fernando Gómez, biólogo y docente del Instituto de Biología de la Universidad, quién sigue la línea de investigación ligada a la salmonicultura -rama específica de estudio dentro de la acuicultura- ha comenzado a desarrollar hace poco en un sistema de diagnóstico rápido y menos costoso que los actuales, contra patógenos que afectan a los salmones.

Este sistema de diagnóstico se encuentra dirigido a dos bacterias patógenas y dos virus patógenos entre los salmones: el virus ISA (anemia infecciosa del salmón) y el virus IPN (necrosis pancreática infecciosa), que son los principales virus dentro de los que afectan a la salmonicultura en nuestro país.

El virus de la necrosis pancreática infecciosa, virus IPN, es una preocupación constante para la industria de la salmonicultura. El agua es el vehículo más importante para la transmisión horizontal del virus, por lo tanto, los sedimentos próximos a las instalaciones de una piscicultura pueden convertirse en reservorios del virus. Mientras que el virus ISA, que tuvo una crisis importante en el periodo 2007-2010, ya ha confirmado su primer caso durante agosto del presente año, en unos centros de cultivo de Cermaq ubicado en la región de Aysén.

“La idea de nosotros fue generar un sistema de diagnóstico que se pueda aplicar directamente en el centro de cultivo de salmónidos” explica el docente respecto a su proyecto más reciente. Lo ideal es replicar este nuevo método de diagnóstico y no lo que se hace de forma habitual en la actualidad: la toma de muestra en el centro de cultivo, el transporte hacia un laboratorio de diagnóstico -que toma de 12 a 24 horas- tardando casi la misma cantidad de tiempo o más en obtener el diagnóstico final. Un proceso demasiado engorroso y lento para atacar las cepas virulentas a tiempo.

“La idea de este sistema es que se pueden implementar en el mismo centro de cultivo, obteniendo durante el transcurso del mismo día el resultado” explica. “Es rápido, barato y no se necesita de equipos demasiado sofisticados, como los mecanismos de diagnóstico actuales que hay”.

Por Macarena Rojas

Dirección General de Vinculación con el Medio