Plantas de Chile en extinción: Estas son las 10 especies que podrían desaparecer a futuro

Los académicos de Geografía y Biología de la PUCV, Andrés Moreira y Cristian Atala, analizaron los riesgos que esto representa para el ecosistema y destacaron la necesidad de retomar la enseñanza de la botánica desde edades tempranas.

A nivel internacional, los ecosistemas mediterráneos están recibiendo cada vez mayor atención por parte de los científicos. Se ha encontrado que poseen una alta riqueza en especies y muy altos niveles de endemismo, es decir cuentan con plantas y árboles que sólo existen en estos rincones del planeta.

Las cinco zonas que comparten el clima mediterráneo en el mundo son: la cuenca del Mar Mediterráneo, el Sur de África, el sureste de Australia, California y Chile central. Aunque estas zonas poseen una superficie restringida que no supera el 5% a nivel mundial, constituyen el hábitat del 20% de la flora global. Estas áreas comparten además una cierta heterogeneidad topográfica y climática, por lo tanto en la actualidad se consideran de gran importancia para estudiar los efectos que genera el cambio climático global.

Sin embargo, producto de las excelentes condiciones de clima y suelo, estos lugares también son propicios para el establecimiento de la población humana. En Chile, por ejemplo, el 80% de la población se ubica entre las regiones de Atacama y Biobío.

En ese sentido, la ocupación en la zona central de nuestro país ha generado una fuerte presión para las plantas, lo que ha llevado a algunas especies a enfrentar la amenaza de la extinción. Al respecto, Chile mediterráneo es considerado hoy como una de las 25 regiones prioritarias para la conservación de la biodiversidad a nivel mundial.

De acuerdo a investigaciones recientes, es posible llegar a un número de especies amenazadas en nuestro territorio que supera las 500, lo que equivale a la décima parte de la flora nativa del país. Sobre las razones que explican la amenaza de las especies, son similares a nivel internacional: los seres humanos hemos ocupado la mayor parte de la superficie terrestre, influyendo en la modificación del clima, impactando en las comunidades bióticas y variando el paisaje a escala planetaria.

Cada día se tiende a reconocer con mayor énfasis la necesidad de proteger las plantas. Se teme por los servicios ecosistémicos que las plantas nos aportan, desde la transformación del CO2 en oxígeno hasta la regulación de los caudales en las quebradas, siendo además la principal fuente de nuestro alimento y nuestra salud.

Al respecto, el profesor del Instituto de Biología de la PUCV, Cristian Atala, agrega que las plantas ocupan un doble rol: estético y biológico. “Pueden dar belleza al paisaje y cumplen una labor ecológica como una red. Al extinguir una especie, se muere el insecto que vive sobre ella, el polinizador que se alimenta del néctar de esa especie, el hongo que se asocia a las raíces de esa planta. Las especies no están aisladas biológicamente. Cada planta está conectada con otras en distintos niveles tróficos. Es importante considerar las interacciones en su conjunto como un todo”, complementa.

EL FACTOR EDUCACIÓN

Para conservar las plantas que hoy se encuentran en peligro de extinción, primero hay que conocerlas. Los profesores Andrés Moreira Muñoz y Cristian Atala reconocen que existen muchas especies de la flora chilena que permanecen desconocidas en grupos tan variados como los helechos, musgos,  líquenes, coníferas y plantas con flores.

Moreira Muñoz del Instituto de Geografía de la PUCV recuerda que antiguamente en Chile se realizaban clases de botánica en los colegios. Expertos de categoría mundial llegaron a nuestro país a estudiar sus especies, lo cual se complementaba con clases de ilustración botánica en las escuelas públicas, como fue el caso del profesor Karl Reiche, quien llegó a enseñar estas materias en 1889 al Liceo de Constitución. 

“Las élites antes eran más ilustradas. El Jardín Botánico Nacional, en Viña del Mar, fue propiedad de Pascual Baburizza. En la educación se ha ido perdiendo la enseñanza de la botánica y el disfrute del entorno. Veo una luz de esperanza en las escuelas rurales donde se aprecia una realidad distinta: los alumnos salen a caminar por su entorno, aunque las tratan como si estuvieran perdidas en el tiempo”, indica.

El profesor Atala plantea que hoy se valora más el estudio de la Biología del cuerpo humano por sobre conocer las especies que nos rodean y que vemos apenas salimos de nuestra casa.

“En Chile, los niños aprenden el potencial del funcionamiento de las neuronas, el sistema cardíaco, pero si abren la ventana, no saben qué plantas hay fuera de su casa, para qué sirve, si es nativa o introducida. La transmisión de ciertos conocimientos se ha perdido. La urbanización y el éxodo del campo a la ciudad ha desconectado a las personas con su entorno más inmediato y lo más evidente del paisaje son las plantas. Acá en Valparaíso, muchos no conocen la palma chilena, por ejemplo, y está allí, al lado de la carretera”, agrega.

 Antiguamente, las clases aristocráticas chilenas venían de Europa y en nuestro país quisieron replicar lo que veían en sus tierras. Casi todas las especies ornamentales que usaban eran de Europa, Estados Unidos o Australia, como el pino o el eucalipto. “Hemos repetido esta tradición y todavía mucho del desarrollo ornamental se realiza con especies foráneas. Las iniciativas con plantas nativas son muy artesanales. Muchas especies extranjeras se han plantado por más de 100 años y han seguido en el tiempo”, precisa Atala.

“La cercanía con la naturaleza cambia el estado anímico de las personas. Vivimos en una sociedad donde falta verdor, lo que genera problemas anímicos que se conocen como ‘trastornos de déficit de naturaleza’. El más evidente es el déficit atencional, que en muchos casos no es más que la reacción del niño a un sistema que lo mantiene encerrado en una sala y atado a una silla, cuando lo que necesita es salir a caminar y correr. Hay muchas deficiencias como sociedad, no nos hemos hecho cargo de este tema a nivel país”, concluye Moreira Muñoz.

Especies en peligro de extinción a nivel nacional:

  • Coralillo (Berberidopsis corallina): Planta trepadora endémica de la Cordillera de la Costa que se ubica desde la provincia de Cauquenes hasta la de Llanquihue. Existen subpoblaciones en bosques costeros al oeste de Osorno y en San Juan de la Costa. El pastoreo por parte de ganado vacuno ha causado un daño considerable en esta especie. 

 

  • Canelillo (Pitavia punctata): Es un árbol verde de hasta 15 metros de altura, perteneciente al género endémico monoespecífico restringido a la Cordillera de la Costa desde la provincia de Linares a la de Malleco. Se encuentra bajo amenaza severa, debido a los excesivos disturbios sobre el bosque nativo durante los últimos 40 años. Su madera ha sido utilizada como leña y la demanda de ésta ha sido considerable debido a su cercanía con la ciudad de Concepción.

 

  • Queule (Gomortega keule): Árbol verde aromático de hasta 30 metros con copa piramidal cuando joven. Se ubica en la Cordillera de la Costa entre la provincia de Cauquenes y la de Arauco. Fue declarada Monumento Natural en 1995, lo que le otorga protección legal en contra de su corta. Como ocurre con otras especies ha sufrido seriamente producto de la deforestación descontrolada. También se ha visto afectado por la plantación de eucaliptos y pinos.

 

  • Belloto del Sur (Beilschmiedia berteroana): Árbol endémico extremadamente amenazado, restringido a ocho subpoblaciones distribuidas desde la provincia de Melipilla a la del Ñuble. Es un árbol de hasta 15 metros y se encuentra amenazado por efectos del fuego, pastoreo y la conversión de bosque nativo hacia plantaciones forestales comerciales. Se estima que la población completa de esta especie está formada por no más de 2 mil individuos.

 

  • Ruil (Nothofagus alessandrii). Árbol endémico con una distribución muy restringida y fragmentada a lo largo de una franja de 100 kilómetros en la Cordillera de la Costa entre la provincia de Talca y la de Cauquenes. Posee una altura estimada de 30 metros y tiene la desafortunada reputación de ser el árbol más amenazado existente en Chile. Históricamente, los bosques de Ruil han sufrido de una deforestación y fragmentación sin precedentes. Se ha sustituido por plantaciones forestales comerciales y el corte de madera para carbón y leña han contribuido a su desaparición.

 

  • Orquídea Amarilla de Nahuelbuta (Chloraea cuneata): Planta perenne con un escapo de 40 a 80 cm. Las hojas basales están usualmente marchitas en el momento de la floración. Posee flores amarillas de tamaño mediano. En la actualidad es una especie en extremo escasa y solo se conocen cuatro poblaciones, tres de ellas en la Cordillera de Nahuelbuta y la otra en la Villa Las Araucarias cerca de Curanilahue. Su estado de conservación es “En peligro Crítico”. Es probable que la población actual haya sido destruida en parte pues crece a orilla de un camino altamente transitado por camiones de empresas forestales que poseen grandes plantaciones de pino.  

Especies en peligro de extinción en la región de Valparaíso

  • Paramela del Pangue (Adesmia balsamica): Arbusto siempreverde con pocas ramas, sinuosas, delgadas y cubiertas de glándulas que segregan una resina amarilla, muy olorosa. Especie presente en la región de Valparaíso, específicamente en las provincias de Aconcagua y Valparaíso, con un solo registro en la Región Metropolitana de Santiago y Región de O’Higgins.

 

  • Mariposa de Campo (Alstroemeria pelegrina): Es una especie perenne de 20-60 centímetros de alto. Cuenta con raíces largas, generalmente delgadas. Especie endémica de Chile, que crece en forma discontinua entre el norte de Los Vilos y Punta Curaumilla. Crece en acantilados y roqueríos costeros hasta el nivel de la alta marea o en el borde de los acantilados.  Poblaciones se ven amenazadas por la transformación del hábitat costero.

 

  • Palma Chilena (Jubaea Chilensis): Planta perenne, monoica, de hábito como árbol que puede alcanzar entre 30-35 metros de alto con diámetros de dos metros y hasta 400 años de edad. La mayor presencia de palmas se encuentra en la región de Valparaíso en los sectores de Ocoa, Llay-Llay, El Salto, Santos Ossa, Agua Santa, Las Siete Hermanas y Forestal Alto. La miel de palma ha afectado el tamaño de sus poblaciones y ha sufrido su explotación desde tiempos coloniales. También ha enfrentado incendios forestales y la instalación de carreteras.

 

  • Capachito (Calceolaria campanae): Planta herbácea perenne. Posee hojas basales que crecen formando una densa roseta. Especie endémica del cerro la Campana, habita exclusivamente desde la base de la pirámide cimera del cerro hasta su cima, preferentemente por las paredes rocosas de exposición sur. Se estima una población de unos 2 mil individuos. Podría ser afectada por actividades mineras y su condición es vulnerable.