Experto inglés abordó desafíos que enfrentan las universidades en el siglo XXI

El Dr. Tristan McCowan es académico e investigador en el Instituto de Educación de la University College London (UCL) del Reino Unido y dictó la conferencia “Universidades y la agenda internacional de desarrollo post-2015”.

13.04.2016

A lo largo de la historia, las universidades han contado con cuatro modelos a seguir que permanecen hasta el día de hoy: la institución medieval que reúne a una comunidad de profesores y estudiantes donde se privilegia la docencia; la institución que investiga y crea conocimientos nuevos (como referente está la Universidad de Humboldt en Alemania); la casa de estudios que privilegia el desarrollo donde está inserta y el vínculo con las nuevas industrias bajo el lema “conocimiento para el servicio” y la universidad empresarial que busca generar recursos para su autosustentabilidad.

De alguna u otra manera, estos paradigmas permanecen en las instituciones de educación superior hoy en día y en ocasiones entran en conflicto, pues se ha visto que la realidad internacional lleva a las universidades a optar por un modelo de desarrollo en particular, lo que no siempre es fácil a la hora de proyectarse a futuro.   

Este fue sólo uno de los aspectos que abordó el Dr. Tristan McCowan, académico e investigador del Instituto de Educación de la University College London (UCL) de Reino Unido en la conferencia titulada “Universidades y la agenda internacional de desarrollo post-2015”, la que ofreció en Casa Central y fue organizada por la Vicerrectoría Académica de la PUCV.

En la ocasión,  el vicerrector Académico, Nelson Vásquez, dio las palabras de bienvenida y recordó que en la actualidad la PUCV está  desarrollando el nuevo plan estratégico para los próximos seis años. En ese sentido, es importante retroalimentarse de las nuevas miradas que aborden este ámbito a nivel internacional.

“La acreditación institucional que obtuvimos recientemente y la planificación estratégica que se está iniciando nos obliga a tener una mirada amplia del sistema de educación superior chileno, como también de los cambios que están ocurriendo en el mundo y al mismo tiempo los procesos de acreditación de las carreras de pregrado están enfrentando nuevas exigencias que influyen en el sistema en general. Esto nos obliga a repensar los desarrollos que estamos teniendo como universidad”, complementó.

LOS OBJETIVOS DEL MILENIO

En su presentación, McCowan se refirió a la complejidad que existe para establecer una universidad que privilegie el desarrollo hacia la comunidad donde está inserta, pues ambos conceptos han sido reformulados recientemente, pero hoy muchos expertos coinciden en la búsqueda del desarrollo sustentable, máxima que busca plasmar la formación de los universitarios del siglo XXI.

“Como conceptualización, el desarrollo es la situación donde toda la población tiene la libertad para lograr sus metas colectivas y que sus estructuras políticas y sociales favorezcan este cumplimiento. Dentro de los objetivos del desarrollo sustentable, la educación superior vuelve a gozar del favor social”, indicó.

Como novedad, el experto británico agregó que los Objetivos del Mileno de la Organización de Naciones Unidas para 2030 incluyen también a los países ricos e incorporan las categorías de medioambiente, igualdad y equidad, las que no siempre se cumplen en el mundo desarrollado.      

“Además se agrega a la universidad dentro de los objetivos del milenio. En el nuevo contexto global, la economía del conocimiento favorece la creación de habilidades. Hay un reconocimiento de la educación superior, pues contribuye a la democracia. Hay evidencias del impacto de la universidad al desarrollo de los países”, reflexionó.

El académico planteó que la educación superior impacta fuertemente en los ingresos de los profesionales, genera productividad, transfiere tecnología y fortalece a las instituciones de la sociedad. A nivel internacional, las universidades por lo general se especializan en tres pilares: enseñanza, investigación y extensión.

“La literatura en educación superior no describe detalladamente la huella que se genera fuera de la universidad, cuando los estudiantes finalizan su enseñanza. Podemos decir que como institución contribuye al crecimiento económico, a la equidad de ingresos, la equidad de género, impacta en las instituciones de salud y contribuye a la reducción de la pobreza, aporta a la gobernanza y puede favorecer al cuidado del medioambiente”, argumentó.

Como amenazas, McCowan advirtió que a nivel internacional se requiere evitar que las universidades vean a los alumnos como clientes, desvinculando la enseñanza con la investigación.

“Como advertencia hay que evitar la excesiva comercialización de la investigación. Es común ver el status que tienen las universidades y existe un peligro de caer en la mirada de los rankings internacionales. Muchos recursos se invierten para competir entre las instituciones. En ocasiones, se privilegia el aprendizaje a distancia. La universidad es un lugar para pensar en la sociedad que queremos vivir, no sólo un motor para alcanzar las metas institucionales”, concluyó.

 

Por Juan Paulo Roldán

Dirección General de Vinculación con el Medio