Académica de la Escuela de Psicología recuerda a profesora Cecilia Quaas Fermandois

La profesora Luisa Castaldi destacó las características que hicieron de ella una persona ejemplar.

31.05.2018

Es difícil condensar en pocas palabras lo significativo que ha sido alguien con quien se ha compartido cotidianamente por más de 20 años. La oficina de Cecilia era contigua a la mía, su puerta estaba siempre semiabierta, disponible para estudiantes y colegas. Bueno, un poco también por el miedo que sentía cuando temblaba. Apenas percibía uno ya estaba en la escalera, mientras sus amigos, especialmente Luis Bertoglia, gritaban ¡tranquila gringa!

Los cuatro venían del Instituto de Educación, en el que Cecilia incluso fue directora. Ella, con un doctorado en Ciencia, fue parte fundamental desde los comienzos de esta aventura que fue la construcción de la Escuela. Cecilia era la científica del grupo, la metodóloga y la profesora, siendo la única que tenía formación pedagógica. Por eso asumió como Jefa de Docencia, cargo que ocupó casi interrumpidamente hasta el año 2011. Entre 2002 y 2004 ese cargo lo ocupó Luis Bertoglia, pero a la muerte de este último, a pesar del dolor, Cecilia volvió a desempeñar esa tarea, demostrando no sólo su capacidad de sobreponerse, incluso en los momentos más difíciles, sino que también su enorme lealtad institucional.

Cecilia fue una académica brillante. Fue la primera docente con el grado de Doctor de la Escuela, la primera profesora titular de la Unidad Académica. Por su formación tenía un perfil investigador adquirido que fue desarrollando en ámbitos coherentes con los temas propios de la Escuela. Fue pionera en la región en explorar el fenómeno del Bournot en profesores y profesionales de la salud, tema que desarrolló en su tesis el primer grupo de estudiantes que logró titularse de psicólogos en la PUCV, bajo la guía de Cecilia.

Ganó, en conjunto con Paula Ascorra y Nina Crespo del ILCL, el primer Fondecyt adjudicado a la Unidad. Integró el primer consejo editorial de la Revista Psicoperspectivas, apoyando el proyecto de su gran amigo Luis Bertoglia. Fue excelente profesora, obteniendo en 2015 el premio a la Docencia otorgado por la PUCV.

Más allá de la magnífica trayectoria profesional, Cecilia fue una gran compañera de trabajo, presente y comprometida en la convivencia cotidiana. Son tantos los momentos y los recuerdos que hemos compartido que cuesta escoger los más significativos. 

La primera foto muestra la sala del café. El café con cigarro de media mañana con sus amigos. En la pausa de las clases se encontraban todos los días a tomar café, a fumar y a conversar. La vida común de la Escuela estaba marcada por esos hitos de convivencia, que nos mostraban, a nosotros que recién nos incorporábamos, la importancia de la camaradería.

La segunda “foto” tiene como escenario su oficina, cuando ejercía como Jefa de Docencia. Puerta abierta, permanencia, un excelente conocimiento de los reglamentos y la buena disposición de encontrar una solución a las dificultades son los ingredientes de su gestión que como dijimos, duró años y traspasó las diferentes Direcciones de la Escuela.

La escena de la tercera “foto” se desarrolla en la sala de Consejo. Cecilia no faltaba nunca a las reuniones y sus aportes muchas veces significaban un “cable a tierra”. Aterrizar ideas y posibilidades. Tenía la capacidad de organizar y estructurar tareas, de orientar las conversaciones, devolviendo el sentido de comunidad. Siendo una mujer de valores claros y transparentes no escatimaba críticas a ciertas tendencias más individualistas y poco generosas. El bien común, el éxito de la Escuela y de la Universidad que quería mucho, tenían para ella la prioridad con respecto a los logros personales. Por ejemplo, nunca quiso ser directora, ya que consideraba que una Escuela de Psicología debía tener una dirección coherente del punto de vista profesional.

Hay varias “fotos” que recuerdan momentos dolorosos (la muerte de Luis Bertoglia, quiebres internos, etc) como también otras que rememoran acontecimientos festivos (reconocimientos, convivencia, cumpleaños etc). Tantos momentos que constituyen el día a día, caracterizado por su presencia constante, el cuidado personal y elegancia que la caracterizaba, su preocupación por los pequeños detalles, su capacidad de sobreponerse a las dificultades y tristezas.

El último recuerdo no es una imagen sino un sonido: el llamado telefónico en el cual se entera del resultado del último proceso de acreditación. A pesar de estar ya jubilada siguió apoyándonos en la preparación de los materiales e insumos para presentarnos a una nueva acreditación como carrera. Cuando se enteró que nos habían otorgado el máximo de años posibles no pudo al teléfono contener su alegría y entusiasmo, comentando que incluso se les cayeron lágrimas mientras manejaba.

Tal como escribimos en las redes sociales el día de su fallecimiento “…Cecilia ha sido una protagonista de la historia de nuestra Escuela, pero su legado es presencia activa en todos nosotros, incluso en aquellos que recién se están incorporando a la comunidad y que no la conocieron.

Cecilia fue profesora, investigadora y Jefa de Docencia, pero fue sobretodo una mujer coherente, transparente en su pensamiento y acciones, una compañera de trabajo comprometida con la Escuela y profundamente convencida que los valores que profesamos hay que construirlos en el día a día…… Aliviará nuestra pena la certeza que lo que nos ha compartido en tantos años de camaradería se ha quedado grabado en cada rincón que ha habitado, en cada palabra escrita y expresada, en cada gesto que seguirá presente en nuestra memoria.”

Por Luisa Castaldi

Escuela de Psicología