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Investigan cómo transformar residuos agroindustriales en biohidrógeno y productos de valor

Miércoles 28 de octubre de 2026

En un contexto de creciente exigencia por diversificar la matriz de energías renovables y acelerar la transición ecológica, la investigación científica regional está aportando soluciones concretas desde un cambio de mentalidad fundamental: replantear el concepto de “basura”.  Impulsado desde la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), el proyecto «BioH2 Valparaíso» (BIOH2-VAL), busca revalorizar masivamente los descartes de la agroindustria local.

La investigación, liderada por el académico de la Escuela de Agronomía de la PUCV, Cassamo Mussagy, aborda la producción de biohidrógeno desde una ruta biotecnológica alternativa. A diferencia de la electrólisis convencional –proceso que utiliza electricidad renovable para producir hidrógeno a partir del agua–, BIOH2-VAL recurre a microorganismos como bacterias anaerobias que pueden degradar compuestos orgánicos y, bajo condiciones controladas, producir hidrógeno como resultado de su metabolismo.

Durante el proceso de fermentación oscura –en condiciones anaerobias y ausencia de luz–, los microorganismos transforman materia orgánica proveniente del procesamiento de frutas, hortalizas y otros productos agrícolas en hidrógeno verde, ácidos orgánicos (acético, butírico, propiónico, láctico) y alcoholes como el etanol, compuestos de alta demanda en las industrias alimentaria, farmacéutica y cosmética. Además, los residuos y efluentes generados durante este proceso pueden someterse a una digestión anaerobia posterior para producir biometano, favoreciendo el aprovechamiento integral de los recursos y la economía circular.

Cambio de paradigma: de residuo a commodity de valor

Más allá de la innovación tecnológica, el foco central de la propuesta radica en modificar el enfoque cultural sobre los descartes orgánicos.  El académico de la PUCV sostuvo que “cuando la gente mira los residuos, los ve como basura; pero a mí no me gusta utilizar esa expresión, porque todo depende de la mirada que uno tenga”.

“Debemos cambiar la costumbre de llamar basura a los residuos y comenzar a reconocerlos como subproductos agroindustriales con potencial de valorización. Porque cuando cambia la mirada, también cambian las posibilidades de aplicación. Chile produce biohidrógeno, pero aún no logra sostener el mercado nacional. La idea del proyecto no es sustituir las soluciones existentes, sino buscar alternativas complementarias para avanzar hacia soluciones energéticas más sostenibles. De ahí surge BIOH2-VAL”, detalló Mussagy.

Esta redefinición resulta clave para la sostenibilidad y rentabilidad de los procesos. Según explicó el investigador, centrar un proceso fermentativo únicamente en producir hidrógeno suele desalentar las inversiones por sus costos. Sin embargo, al adoptar un esquema multiproducto que permita valorizar también los ácidos orgánicos, los alcoholes y otros compuestos de interés, el panorama cambia radicalmente.

“Si miramos los descartes como residuos, no vemos su valor; debemos empezar a verlos como subproductos con potencial económico. Mientras que en la electrólisis se gasta energía para romper la molécula de agua, aquí se obtiene biohidrógeno junto a una serie de productos aplicables en otras áreas. Si se contempla la producción conjunta de biohidrógeno, biometano, alcoholes y ácidos orgánicos, el proceso gana una gran plusvalía. El hidrógeno se destina al sector energético y los demás componentes abastecen a la industria alimentaria, cosmética y farmacéutica, lo que cierra el ciclo y entrega una sólida viabilidad técnica y económica”, agregó el investigador.

Economía circular

El modelo de transferencia propuesto por la PUCV no pretende exigir grandes transformaciones a las empresas. En lugar de ello, busca ofrecer "recetas" estandarizadas que permitan procesar los descartes in situ a pequeña escala para que las agrícolas y viñas generen su propia energía a partir de sus propios subproductos, sin depender de la red.

“Economía circular, ésa es nuestra visión. Llegar a una industria proponiendo una transformación gigante de entrada no es opción. Pero si se sugiere empezar a pequeña escala, instalando un tanque con una receta específica para procesar sus descartes, la mentalidad empieza a cambiar. Comienzan a ver el potencial de sus subproductos y a comprender que pueden transformarlos en recursos de valor. Así promovemos paulatinamente una transición hacia modelos de producción más sostenibles y una menor dependencia de los combustibles fósiles”, complementó Mussagy.  

Además de Cassamo Mussagy, el proyecto BIOH2-VAL cuenta con la participación del académico de la Escuela de Alimentos de la PUCV, Andrés Córdova, como director alterno, y la colaboración internacional de Guilherme Peixoto, de la Universidad Estadual Paulista, Brasil.

En definitiva, BIOH2-VAL busca conectar un desafío global, la transición hacia sistemas energéticos más sostenibles, con una oportunidad local: investigar cómo valorizar residuos agroindustriales de la Región de Valparaíso para producir biohidrógeno. Su contribución inmediata consiste en generar conocimiento científico que permita determinar si esta alternativa puede llegar a ser eficiente, viable y ambientalmente beneficiosa.

Por Erika Schubert

Dirección de Comunicación Estratégica

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